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¿Queremos cambios?
Con los últimos fracasos, dentro de las Selecciones Nacionales, se están comparando las gestiones, la de Alberto de la Torre y la de Justino Compeán.
Para mí, el deterioro actual lo inició de la Torre, lo profundizó la llegada de Decio de María, y lo ha continuado Compeán.
Los “resultados” de Alberto de la Torre venían de procesos ajenos a él, ejecutados por sus antecesores, pero sobre todo por el trabajo encabezado por Alejandro Burillo, el entonces jefe máximo del futbol, como hoy lo es Emilio Azcárraga,
Las decisiones y las formas que Burillo dejara sembradas, fue lo que Alberto de la Torre cosechó, sin que él sembrara para el futuro.
Pero la discusión de fondo es ¿Queremos cambios?; el medio futbolístico mexicano se ha acostumbrado por décadas a un jefe de Televisa todo poderoso que pone a sus empleados a manejar los asuntos cotidianos, y él toma las decisiones trascendentales.
Es tal el adoctrinamiento a futbolistas, periodistas, árbitros y aficionados que muchos consideran a la FMF como una empresa subsidiaria de Televisa, cuando las federaciones deportivas en TODO EL MUNDO son ONG´S, y la mayoría de los afiliados a la FMF son deportistas amateurs (200 mil).
Si queremos un cambio dejemos de rogar que el Tlatoani Azcárraga se ilumine y mande a un empleado menos incapaz a manejar la Femexfut.
La Federación tendría que ser independiente de la liga, en la cual sus autoridades sean electas entre TODOS sus afiliados, por su parte la liga profesional podría seguir dirigida por los dueños de franquicias pero debería estar regulada por un comisionado nombrado por el gobierno, quedando las selecciones nacionales bajo la orbita de la nueva Federación autónoma.
Entonces si, ahí estaríamos empezando a transformar la raíz de los problemas, y dejaríamos de estar rogándole a Televisa y TV Azteca por cordura y tino.
El deporte en México, como casi todo en nuestro país requiere de una transformación de fondo, se requiere de compromiso, de lucha, de vocación de transformación, de ilusión, de esperanza y de participar en una revolución pacifica, acompañando a los movimientos que en otros ámbitos ya están dando la batalla.
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